“Una Carta a Dios” de Gregorio López y Fuentes

Lencho era un granjero, quien vivía con su mujer y sus hijos en una casa en un valle en lo alto de un cerro bajo. Había un campo de maíz y flores de frijoles, pero se falta la lluvia. Al final llovía, pero luego el granizo cayó en la casa y los campos. Todo fue destruido.
Aunque Lencho era campesino y tenía poco educación, el podía leer y escribir. Sabía que su comida se agotaría y que la familia pasaría hambre. El dio de la cuenta de que necesitaba ayuda, así que él decidió escribir una carta a Dios. Él Le dijo a Dios que le hacía faltar cien pesos para alimentar a su familia hasta que podía sembrar una nueva cosecha.
Lencho trajo la carta a la oficina de correos, obtuvo un sello y puso la carta en el buzón. Cuando un letrero vio la letra y vio que se dirigía a Dios, el rió y la mostró a su jefe. Ellos colectaron dinero de los empleados, pero solo consiguió sesenta pesos. Fue un acta de caridad. Pusieron los billetes en un sobre con una carta que dijo simplemente “Dios”.
Lencho fue a la oficina para recoger la repuesta. Tenía una gran fe. Al ver la dinero, el no mostró ninguna sorpresa. El jefe y los empleados estaban contentos. Lencho en cambio les pidió por papel y tinta. Después de que él terminara escribir y se fuera, ellos leyeron lo que él había escrito.
Él Le contó a Dios que él estaba seguro que Dios hubiera enviado cien pesos pero que los ladrones en la oficina de correos los habían robado. Lencho tenía mucha fe pero era codicioso también.

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